Los riesgos de la narrativa a la hora de invertir

Cuando tomamos decisiones en nuestra vida nos imaginamos una historia. Una historia con lo que ha sucedido hasta el momento de tomar la decisión, y lo que puede pasar en función de lo que decidamos. En inversión también. Lo llamamos tesis o idea de inversión, y hay que ir revisando si se cumple la historia que te habías planteado antes de invertir. Pero ¿Qué pasa cuando esa historia la cuenta otro? ¿Qué sucede cuando la narrativa adquiere fuerza? Hoy hablamos de los riesgos de la narrativa a la hora de invertir.


La importancia de la narrativa

El ser humano es un animal que ha evolucionado con el paso del tiempo. Aprendimos a comunicarnos entre nosotros, mejoramos los procesos productivos, desarrollamos las ideas científicas y tecnológicas y gestionamos problemas complejos en el día a día. Pero a la hora de la verdad, necesitamos historias o narrativas con las que reconfortar nuestras inquietudes o creencias.

Como dicen por ahí, no podemos tener una visión completa del mundo, pero estamos “felices” si hay una historia que completa los vacíos de nuestra visión. Y esto tiene un impacto enorme en nosotros, ya no sólo a nivel individual _nos tranquiliza ‘saber’_ sino como sociedad: tenemos tendencia a agruparnos con aquellos afines a nuestras creencias, hábitos, ideas… y al final, el grupo termina teniendo la misma visión incompleta del mundo y muchos vacíos en común.

En base a estas ideas, creencias u objetivos, cada grupo evoluciona en una dirección diferente. Una misma narrativa puede servir de solución para un grupo, o causar un problema para otro.

Y te estarás preguntando… ¿Qué tiene que ver todo esto con inversión o finanzas personales?

Los riesgos de la narrativa a la hora de invertir

Como hemos dicho, necesitamos historias o narrativas con las que reconfortar nuestras inquietudes o creencias. Pero corremos el riesgo de que no sean ciertas, de ahí que los científicos, por ejemplo, pongan tanto empeño en demostrar sus teorías.

Cuando deseamos mucho algo, corremos el riesgo de perder objetividad y dejarnos llevar por la narrativa de otros, incluso sin pararnos a pensar si eso que nos están contando es plausible o es pura ficción.

Un ejemplo: Bernie Madoff. El creador del mayor esquema ponzy de la historia. Su narrativa era tal, que incluso inversores profesionales le mandaban dinero sin pensar mucho en cómo Madoff conseguía la rentabilidad que decía que lograba. Incluso cuando en algunas entrevistas le preguntaban y él les contestaba que era secreto empresarial. Al final muchos inversores perdieron mucho dinero.

Y el problema no es que de vez en cuando aparezca un Madoff en el mundo. El problema es que estamos muy expuestos a narrativas contadas por especialistas o inversores experimentados y a opiniones de múltiples expertos, por lo que corremos el riesgo de tomar decisiones “con el calor de la emoción” y no tras un análisis crítico de la información real que tenemos.

La psicología de las masas

Cuando grupos afines de personas, a nivel mundial, empiezan a creer en una narrativa que encaja con su visión incompleta del mundo se crea una fuerza que, en el caso de las inversiones, es capaz de mover los mercados en una dirección.

Bien, pues cuando eso pasa, se ignoran los datos y se pierde objetividad. Y eso, en inversión, es peligroso.

Hay momentos en que debemos aislarnos de la multitud, hacer un análisis crítico y tomar una decisión personal sabiendo que la responsabilidad final es sólo nuestra, y de nadie más.

Tu dinero, tu decisión, tu responsabilidad.

Eso no significa que nos vayamos a librar fácilmente de las malas inversiones, pero nos ahorrará muchos dolores de cabeza en nuestra vida de inversor.

Pfizer: un ejemplo de los riesgos de la narrativa en inversión

Durante la pandemia las empresas farmacéuticas se beneficiaron por la producción acelerada de las vacunas contra el Covid19. Además, estas empresas lograron quitarse de encima la responsabilidad por posibles efectos colaterales de dichas vacunas. Fue el auge del sector.

Fuente: Tradestation

Probablemente mucha gente ganó dinero invirtiendo en Pfizer durante este periodo. Pero, tras declararse el fin de la pandemia, estas empresas sufrieron una caída en los precios de sus acciones. Se desinflaron. En el caso de Pfizer:

Fuente: Tradestation

¿Qué pasó?

Que en el momento de la pandemia la narrativa decía que las farmacéuticas habían logrado una tecnología que nos salvarían a todos de manera inmediata. Mucha gente creyó que ya no tendríamos problemas con pandemias en el mundo, y que las farmacéuticas seguirían creciendo sin parar por toda la vida. Eran inversión clara y segura.

Pero el golpe de realidad vino cuando el beneficio por acción de Pfizer bajó de $5,47 al final de 2022 a $1,83 en los últimos 12 meses. Pasada la pandemia ya no se demanda el mismo número de vacunas que antes y, por sentido común, ya no venden tanto.

Mientras duró la narrativa y un gran volumen de inversores la creyó, el precio de las empresas farmacéuticas no paraba de subir.

Pero ahora que la narrativa se ha desvanecido y la acción ha perdido todo lo ganado, aquellos que invirtieron su dinero sin entender el negocio de las farmacéuticas, o sin entender lo que estaba pasando, se quedaron atrapados en la acción soportando toda la caída posterior a la euforia inicial.



Conclusión

Siempre habrá historias y teorías que acompañan una tesis o idea de inversión. Y recibimos continuamente estímulos que nos impulsan a invertir en activos prometedores. En muchas ocasiones, la narrativa es tan convincente que mueve a las masas, y eso en inversión tiene sus riesgos.

Hemos visto el ejemplo de Pfizer ($PFE), pero otro muy sonoro podría ser el de AliBaba ($BABA). ¿Qué ha sido de la narrativa que acompañaba la suba del precio de las acciones?  

Haciendo memoria podríamos sacar otros muchos. Constantemente hay narrativas que nos empujan a invertir en algún activo.

Pero, por muy tentador que sea, debemos tomar nuestras decisiones de manera independiente, reprimiendo el FOMO e intentando invertir nuestro dinero de manera objetiva.

 

Gracias por leernos y ¡Buenas inversiones! 😉 

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